sábado, 17 de septiembre de 2016

Envase ecológico que prolonga la vida de quesos artesanales


Al utilizar cera de abeja como cobertor de quesos, se buscó aprovechar un recurso apícola disponible en Argentina.

Con el fin de extender la vida útil de los quesos artesanales, especialistas del INTI estudiaron una alternativa más económica y accesible al envasado en vacío, como es el empleo de un subproducto de la actividad apícola disponible en la región.

Su bajo costo y la simpleza de su aplicación lo convierten en una alternativa viable para pequeños productores

Con el objetivo de brindar una herramienta de conservación accesible para productores de quesos artesanales, profesionales de la sede de Rafaela del Centro INTI-Lácteos realizaron un estudio sobre el uso de cera de abeja como cobertor.

Su utilización no sólo permite una protección contra la contaminación y el desarrollo de microorganismos, sino que además mejora el aspecto visual del producto otorgándole características regionales.

“Estamos muy interesados en este desarrollo porque para certificar quesos orgánicos y biodinámicos nos piden como requisito tener un packaging tanto natural como ecológico.

Esta sería una solución muy buena para reemplazar las bolsas de vacío y papel aluminio que utilizamos actualmente”, anticipa Cristian Mare del tambo Las Tres Tejas de la localidad cordobesa de San Javier.

La investigación surgió como una necesidad de los productores de quesos artesanales del noroeste cordobés, que en muchos casos no podían acceder al proceso de envasado al vacío de sus productos por sus altos costos. “Inicialmente realizamos una prueba aplicando 1, 2 y 3 capas consecutivas de cera de abeja en quesos semiduros de 300 gramos.

Luego analizamos su comportamiento tras 60 días de maduración. Los resultados de esta primera acción determinaron un comportamiento óptimo con las tres aplicaciones”, explica Bruno Aimar, responsable del Área Desarrollo Territorial y Lechería extra-pampeana de INTI- Lácteos sede Rafaela.

Para la preparación y aplicación del cobertor sólo se requiere una olla de acero, una cocina y cera de abeja.

En primera instancia se realiza la purificación de la cera y luego se coloca sobre el queso en tres capas, dejándola solidificar entre cada una.

Para conocer el comportamiento del producto se realizaron análisis microbiológicos, fisicoquímicos y sensoriales durante 60 días de maduración de quesos semiduros.

“Estudiamos comparativamente muestras cubiertas con cera de abeja y otras envasadas con bolsas plásticas al vacío.

Los resultados arrojaron que ambas metodologías de conservación presentaban desempeños similares porque evitaban tanto la formación de hongos como la pérdida de humedad del producto”, detalla Aimar.

La utilización de cera de abeja brinda un valor agregado a los quesos artesanales, dado que puede convertirse en un envase distintivo y típico de la zona.

Además permite reemplazar a otros materiales más costosos utilizados para la protección primaria del lácteo como parafina, bolsas plásticas al vacío, papel de aluminio y pintura plástica.

“Desde el INTI esperamos continuar la transferencia de esta metodología de conservación de quesos para que puedan aplicarlo productores artesanales de distintas regiones del país”, concluye Aimar.

INTI


viernes, 19 de agosto de 2016

Innovación, transferencia y autonomía alimentaria en Tierra del Fuego


En el invernadero para climas extremos del CADIC se probaron diferentes cultivos. 
Foto: gentileza investigador

¿Cómo es la exploración de nuevos métodos y tecnologías para incrementar la producción frutihortícola en la provincia más austral de la Argentina?

El trabajo de Gustavo Vater, profesional principal del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) tiene un objetivo central: que Tierra del Fuego empiece a producir sus propios alimentos.

Para lograrlo considera esencial desarrollar métodos innovadores que permitan aumentar la productividad agrícola de la región.

“Pese a que en las últimas dos décadas Tierra del Fuego triplicó su población, hoy todavía casi no cuenta con producción agrícola propia.

No puede ser que todavía comamos frutas y verduras que vienen desde 3 mil kilómetros, que tienen un alto costo y por lo general no llegan en estado óptimo dado que en el recorrido pierden calidad nutricional”, manifiesta el ingeniero en producción agropecuaria.

A cargo del Laboratorio de Innovación Productiva del CADIC, Vater articula proyectos experimentales que apuntan a adaptar frutas y hortalizas a las particulares condiciones climáticas de la zona y a generar conocimientos que permitan optimizar la propagación de los cultivos.

A lo que se apunta es que tanto las semillas aclimatadas como las técnicas y tecnologías probadas y desarrolladas a través de los ensayos experimentales sean luego trasladadas a productores privados para que sean ellos quienes tomen la posta.

Invernaderos para climas extremos

Vater está a actualmente cargo de un proyecto para diseñar y construir quince invernaderos adaptados a climas extremos – bajas temperaturas, abundantes nevadas y fuertes vientos – como el de Tierra del Fuego, repartidos en las ciudades de Ushuaia, Río grande y Tolhuin.

“Son invernaderos modulares y ofrecen la ventaja de que el productor pueda comenzar a cultivar en una escala chica y que cuando lo necesite tenga la posibilidad de aumentar su tamaño de forma sencilla.

Además van a estar hechos íntegramente con materiales locales y la gente que los va a construir y montar va residir en la provincia también” afirma Vater.

Aumento, diversificación y propagación de productos vegetales

Los primeros invernaderos de la provincia austral diseñados por Vater, incluyendo el que hoy tiene el CADIC en su Campo Experimental, fueron producto de un proyecto anterior titulado, “Diversificación y Aumento de Productos Vegetales a Prestadores de Servicios Turísticos de Tierra del Fuego”.


Vater brinda un taller para productores en el Campo Experimental del CADIC. 
Foto: gentileza investigador.

En el marco de este proyecto se experimentó y buscó adaptar al lugar hortalizas como la acelga, el brócoli, los tomates cherry o el zuchini, por poner algunos ejemplos.

El éxito de los ensayos fue tal que luego, con aportes de las diferentes intendencias de la provincia, se construyeron veinte invernaderos similares al del CADIC.

“También hicimos cultivos experimentales de frutas finas como variedades de frambuesas, grosellas, corinto, cassis o moras híbridas.

Pero estas especies denominadas berries van muy bien en el exterior por lo que no hay que colocarlas adentro del invernadero.

A través de la generaciones estas frutas se aclimataron y ahora están fantásticas y listas para ser propagadas en la provincia”, explica Vater.

El Campo Experimental es además escenario de talleres prácticos de los que participa el propio Vater, coordinados en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), para capacitar a productores en artes como la poda y multiplicación de cultivos a través de diversas técnicas.

Vermicultura

“Ahora tenemos un proyecto, que recién está en sus inicios, para producir vermicompuesto a partir del cultivo de lombrices para tratar desechos orgánicos.

Es un compostaje que se usa para mejorar suelos, no solamente los hortícolas sino también los erosionados”, cuenta Vater.

El proceso a seguir consiste en mezclar deshechos vegetales de uso domiciliario con otros de la industria maderera y, luego de un tiempo, agregar las lombrices para que se coman la flora bacteriana y de hongos asociada al compuesto y que con sus deposiciones produzcan un material que sirva como abono para mejorar los suelos desde el punto de vista físico, pero también en lo que refiere a la aireación o al ingreso de agua.

Este proyecto Vater lo trabaja junto a Fabián Vanella, investigador adjunto del CONICET en el CADIC, quien planea tomar las lombrices cultivadas para producir harina proteica que se utiliza como alimento balanceado para animales.

Por Miguel Faigón

CONICET




martes, 26 de julio de 2016

Alimentos irradiados y seguros para Argentina y el mundo



El tratamiento con energía ionizante contribuye con la seguridad microbiológica de los alimentos al combatir bacterias, virus y parásitos, a la vez que prolonga el tiempo en que pueden mantenerse en buenas condiciones.

La CNEA cuenta con una instalación adecuada para irradiarlos que funciona desde hace más de 40 años.

Al igual que la pasteurización, la refrigeración o el tratamiento con sustancias químicas, la irradiación es una técnica segura y adecuada para tratar alimentos, conservarlos en mejores condiciones por más tiempo y eliminar microorganismos que podrían ser nocivos para el ser humano.

Concretamente, esta técnica consiste en exponer el producto a la acción de las radiaciones ionizantes durante un cierto lapso.

De acuerdo con la cantidad de energía entregada, se pueden lograr diversos efectos.

Por ejemplo, se puede inhibir la brotación de bulbos, tubérculos y raíces, incrementando su vida útil.

“Se han irradiado papas que se mantuvieron sin brote durante 9 meses a temperatura ambiente”, cuenta Patricia Narvaiz, Jefa de la Sección Irradiación de Alimentos de la Gerencia de Aplicaciones y Tecnología de Radiaciones (Gerencia de Área Aplicaciones de la Tecnología Nuclear) de la CNEA.

Otra de las aplicaciones posibles de la irradiación de alimentos es la esterilización de parásitos, como la Trichinellaspiralis, presente en la carne de cerdo.

Las radiaciones ionizantes permiten interrumpir su ciclo vital en el hombre, impidiendo la enfermedad (triquinosis).

Según Narvaiz, “cuanto más grandes los organismos, más sensibles a la radiación y menor la dosis que se requiere para eliminarlos.

El objetivo es esterilizarlos para que no se puedan reproducir.

Lo que hace la radiación ionizante es actuar sobre su ácido desoxirribonucleico, evitando la evolución al estadio siguiente (que pase de huevo a larva, por ejemplo) o que se reproduzca”.

También es efectiva para combatir otros microorganismos patógenos no esporulados, causantes de enfermedades en el hombre, como salmonella.

Con respecto a las bacterias, controla la tan temida Escherichia coli, la bacteria que se hizo mundialmente famosa en 1993 por causar 700 enfermos y 4 muertes en Estados Unidos por ingestión de hamburguesas contaminadas.

Las fuentes de Cobalto-60 que se utilizan para irradiar en la PISI s
on producidas en la Central Nuclear Embalse

La irradiación resulta útil, además, para retrasar la maduración de frutas tropicales como banana, papayay mango (en general, la vida útil se duplica o triplica), y demorar la senescencia (envejecimiento) de champiñones y espárragos.

“También permite prolongar el tiempo de comercialización de ‘frutas finas’ (frutillas, cerezas, arándanos, frambuesas, berries) por reducción de la contaminación microbiana total”, agrega Narvaiz, quien destaca que al mejorarse la calidad higiénico-sanitaria de los alimentos se podría llegar a exigentes mercados, ampliando las capacidades de exportación del país.

La especialista también comenta que la irradiación puede usarse como una alternativa al uso de sustancias químicas tóxicas, como fumigantes, conservantes (por ejemplo, el nitrito de sodio en carnes) e inhibidores de brotación (hidrazidamaleica).

En el caso de los agroquímicos que habitualmente se utilizan en el campo, la irradiación podría reemplazar al bromuro de metilo y a la fosfina, que se emplean para fumigar productos frutihortícolas y granos, destruyendo insectos con fines cuarentenarios.

Alimentos más sanos y seguros

Para que un alimento –ya sea envasado o a granel– resulte exitosamente conservado por irradiación, es necesario seleccionar ciertos parámetros como dosis de radiación, temperaturas de irradiación y conservación, y tipo de envase.

Además, se puede combinar este tratamientocon otros, por ejemplo ,un leve calentamiento previo, con lo cual se consigue un efecto sinérgico entre ambos, posibilitando disminuir las dosis de radiación a aplicar.

Pero ¿son realmente seguros los alimentos irradiados?

Probablemente ningún método de conservación de alimentos haya sido tan estudiado en cuanto a su inocuidad como las radiaciones ionizantes.

Las primeras investigaciones se iniciaron en 1954 en Estados Unidos, a lo que siguieron varias décadas de desarrollo y posterior aplicación comercial de la técnica en más de 50 países.

A lo largo de todos estos años de investigación se pudo comprobar que el aspecto nutricional de los alimentos no se ve alterado por la irradiación (vitaminas, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, hidratos de carbono, proteínas, etc.).

Tampoco se generan sustancias nocivas para la salud en los productos de consumo tratados con esta técnica.

Por estas características y por su seguridad microbiológica, Narvaiz cuenta que los alimentos esterilizados por radiaciones ionizantes son adecuados para pacientes inmunocomprometidos (trasplantados, oncológicos, HIV positivos, ancianos, niños pequeños, embarazadas, etc.).

Por tener bajas defensas, estas personas son más vulnerables a las infecciones, entre ellas las alimentarias, y por ello su dieta habitualmente se basa en alimentos cocidos, lo que limita la variedad de la ingesta y de los nutrientes.

“Hace más de 10 años –comenta Narvaiz– que venimos estudiado la irradiación de viandas para pacientes inmunodeprimidos, dentro de un programa internacional coordinado con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Las comidas irradiadas para pacientes de distintos hospitales fueron ensaladas vegetales, ensalada de fruta en gelatina, canelones en salsa de tomate, hamburguesas de carnes vacuna y de pollo, empanadas, tartas, sandwiches, flan, budín de pan.

Todas tuvieron muy buena aceptación por parte de los pacientes”.

ACTIVIDADES DE INVESTIGACIÓN

En la CNEA las actividades de investigación sobre irradiación de alimentos comenzaron en 1965.

En los inicios se experimentó con trigo (grano y harina), pescados (sábalo, dorado, pejerrey y merluza) y papa.

Con los años, la lista de alimentos se extendió notablemente, incluyendo, entre otros, frutillas, manzanas, tomates, frutas secas, especias, cebolla, ajo, champiñones, espárragos, pollo, panes y comidas preparadas.

Hoy las principales líneas de investigación se realizan sobre mieles para exportación, un panificado súper nutritivo y los llamados “nuevos productos”, que incluyen aditivos e ingredientes alimentarios de origen nacional, como algas marinas o goma brea.

“Yo hace 37 años que hago investigación aplicada en el área de irradiación de alimentos.

A veces los temas surgen por iniciativa propia y tras veces por una demanda externa, ya que brindamos asesoramiento a productores y empresas alimenticias.

Además, establecemos lazos con muchas universidades, porque en general les interesa trabajar en estos temas”, resume Narvaiz.

Una planta de usos múltiples

En el Centro Atómico Ezeiza, funciona desde 1970 una instalación semi-industrial que irradia con Cobalto-60 una gran diversidad productos: desde alimentos, productos cosméticos, alimentos para mascotas, viruta para biotérios, hasta prótesis y muestras biológicas.

Al respecto, la ingeniera Andrea Docters, Jefa de la Planta de Irradiación Semindustrial (PISI), comenta que “la construcción de la planta llevó alrededor de dos años y empezó a funcionar en 1970.

Toda la instalación fue hecha en la Argentina, y lo único que se compró en el exterior fueron las fuentes de irradiación.

Las primeras eran de origen canadiense e inglés, pero en la década del '80 comenzaron a usarse fuentes de origen nacional”, producidas en la Central Nuclear Embalse.

Antes de la puesta en funcionamiento de la PISI, las tareas de investigación se realizaban en un pequeño irradiador que había en la CNEA.

Sin embargo, poco a poco se dejó de utilizar porque “las velocidades de las dosis eran diferentes, y eso influye mucho sobre los microorganismos que se están irradiando.

La capacidad de irradiación tampoco era la misma que obteníamos en la PISI”, recuerda Narvaiz.

Con el funcionamiento de la planta,“se empezaron a ampliar bastante las aplicaciones.

Por ejemplo, se irradiaban cosas muy grandes, como pisos, y también elementos más pequeños. Justamente, el objetivo con que fue construida la PISI es que se pudieran hacer todas estas aplicaciones, por eso es una planta multipropósito”.

El proceso de irradiación en la PISI comienza evaluando dosis mínimas y máximas, en qué posición se va irradiar el producto y durante cuánto tiempo se lo tiene que exponer frente a la fuente de Cobalto-60.

Una vez determinados estos parámetros, el producto se irradia tratando de que la dosis sea lo más homogénea posible.

“La homogeneidad de la dosis –indica Docters– también depende de la densidad y las características del envase.

Entonces, hay que hacer mediciones de dosis previas.

Una vez que recibió la primera radiación, el producto se rota para que la otra cara se irradie”.

Cómo es la legislación de los alimentos irradiados

Actualmente, 56 países de todo el mundo autorizan el consumo y la comercialización de diversos alimentos irradiados.

Las aprobaciones pueden ser por “productos” (por ejemplo, merluza); por “clases”, basándose en similitud de composición química (productos pesqueros); o autorizando el proceso en general, como la legislación de Brasil, que permite desde el año 2000 la irradiación de cualquier alimento a cualquier dosis compatible con la conservación de sus características sensoriales y tecnológicas.

A pesar de los innumerables esfuerzos por parte de los investigadores de la CNEA por ampliar la legislación, nuestro país aún autoriza la irradiación “por producto” y sólo hay aprobados 8 alimentos: papa, cebolla y ajo para inhibir brote; frutilla, para prolongar la vida útil; champiñón y espárrago para retardar senescencia; especias; frutas y vegetales deshidratados, para reducir la contaminación microbiana.

Sobre los aspectos regulatorios Narvaiz comenta que, desde su grupo de investigación, en varias oportunidades presentaron proyectos a la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) para que se autoricen alimentos irradiados por clase.

“La última propuesta fue realizada en 2015 y yo creo que este va a ser un año muy promisorio, donde se va a aprobar la irradiación de ciertas categorías como carnes rojas y tubérculos.

Es algo bastante lógico porque si ya irradiamos papas, es prácticamente lo mismo irradiar batatas.

Lo mismo pasa con las frutillas, cuya aprobación se podría extender a toda la familia de los frutos rojos que se producen en el sur de nuestro país”.

¿Qué se irradia en la PISI?

En la Planta de Irradiación Semi Industrial de la CNEA las tareas se organizan en función de los productos que haya que irradiar.

Al respecto la ingeniera Andrea Docters, Jefa de la instalación, cuenta que “en general, hay un día que irradiamos muestras del banco de tejidos, implantes o prótesis, que tienen requisitos y restricciones de dosis más precisas y requieren mayor atención.

En cuanto a los alimentos, irradiamos lotes de irradiación por empresa.

Por ejemplo, una empresa trae trescientas bolsas de orégano y el lote de irradiación son 10 bolsas; entonces, son 30 lotes, que se pueden ir mechando con otros productos según la necesidad y la planificación realizada”.

Más de la mitad de los productos que se irradian en la PISI (el 58 %) corresponden a productos de uso farmacéuticos como solución fisiológica.

Los alimentos, en tanto, ocupan el 12 % de todo lo que se irradia en la planta, especialmente especias y hierbas (manzanilla, tilo, boldo, orégano).

El 9 % del volumen irradiado corresponde a esterilización de productos de uso médico del banco de tejidos, injertos, implantes dentales, material quirúrgico; así como apósitos, guantes, drenajes y otros equipos.

También se irradian viruta de madera para bioterios (9 %), envases (4 %, productos de uso veterinario y alimentos balanceado para consumo animal (3 %), polímeros (3 %) y otros materiales de laboratorio (2 %).

Por otro lado, las radiaciones ionizantes –aunque en menor proporción– también se utilizan para restaurar obras de arte y material bibliográfico infectado con hongos o insectos y para modificar propiedades de determinados materiales.

cnea


miércoles, 20 de julio de 2016

Lo que los astronautas comen en el espacio en un día


Hubo un momento en que incluso la NASA no sabía si los humanos podían comer en el entorno de microgravedad del espacio.

Por suerte para el futuro de las misiones tripuladas a largo plazo, John Glenn demostró que era realmente posible cuando comió puré de manzana de un tubo de aluminio, mientras que orbitan la Tierra en 1962.

Desde entonces, la investigación se llevó a cabo en nuestro Laboratorio de Sistemas de comida espacial del Centro Espacial Johnson ha dado como resultado un mejor sabor, la variedad y el envasado de los alimentos destinados a los viajes espaciales. astronautas actual en día se dan ahora un menú estándar de más de 200 alimentos y bebidas aprobados artículos meses antes del lanzamiento, lo que les permite planificar sus comidas diarias con mucha antelación.


Así, con tal variedad de alimentos para elegir, ¿qué come el astronauta típico en un día?

Este es un ejemplo del menú estándar Estación Espacial Internacional:


Suena delicioso, ¿verdad?


Sin embargo, estos son sólo sugerencias para los astronautas, por lo que todavía tienen alguna opción más de lo que en última instancia comer.

Muchos de los astronautas, entre ellos Tim Kopra, se combinan diferentes ingredientes para las comidas.


Otros planean comer alimentos especiales para las vacaciones.

Los astronautas de Scott Kelly y Kjell Lindgren fue lo que hizo en Acción de Gracias del año pasado cuando comieron pavo ahumado, el ñame confitadas, el maíz y las patatas gratinado.


Otro factor clave que influye en lo que comen los astronautas es la disponibilidad de frutas y verduras frescas, que se entregan a través de naves espaciales de reabastecimiento.

Cuando estos alimentos llegan a la estación espacial, que deben consumirse rápidamente antes de que se echen a perder.

El astronauta Tim Peake no le viene a la mente.


La nutrición es importante para ayudar a contrarrestar algunos de los efectos tienen los vuelos espaciales en el cuerpo, tales como la pérdida ósea y muscular, la degradación cardiovasculares, deterioro de la función inmune, cambios neurovestibular y cambios en la visión.

"La nutrición es vital para la misión," Scott M. Smith, Ph.D., director de Laboratorio de Bioquímica Nutricional de la NASA, dijo.

"Sin una nutrición adecuada para los astronautas, la misión fracasará.

Es así de simple."


Trabajamos duro para ayudar a los astronautas sienten menos tu casa, proporcionándoles alimentos que no sólo les recuerda de la vida en la Tierra, sino que también es nutritiva y saludable.


Estas son algunas de las invenciones de alimentos espaciales inusuales que ya no están en uso:


sándwich de galleta y cubos recubiertos de gelatina
plazas de tocino comprimido
Secado por congelación de helados

nasa

domingo, 5 de junio de 2016

Análisis de normativas para lograr una mayor competitividad alimentaria


Los secretarios de Agricultura, Ganadería y Pesca, Ricardo Negri, y de Agregado de Valor, Néstor Roulet, se reunieron con el Comité Ejecutivo de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), para avanzar en reformas de segunda generación que impulsen el desarrollo de la producción y la mayor exportación de alimentos.

Durante el encuentro, Negri aseguró en relación a las recientes medidas adoptadas por el gobierno Nacional que "esperamos muchísimo del empresariado nacional en cuanto a generación de empleo y proyectos de innovación", y con respecto al comercio exterior agregó que "la agenda del gobierno está volcada hacia afuera, lo que tenemos que discutir es la competitividad en serio, estamos buscando los ejes para que todos los sectores puedan ganar".

Por su parte, el secretario Roulet resaltó la decisión del gobierno de "tener un ministerio de puertas abiertas, donde discutir todos los temas", al tiempo que "tenemos que trabajar todos en conjunto para analizar las cuestiones y empezar a tener políticas verdaderamente vinculadas a la industria de los alimentos".

En el mismo sentido, el presidente de COPAL, Daniel Funes de Rioja, destacó la importancia de conformar ámbitos de trabajo conjunto con las diferentes áreas de la administración pública "para avanzar en las reformas de segunda generación, que resultan imprescindibles para mejorar la competitividad de la industria, toda vez que ya se han adoptado medidas de trascendencia que otorgan un marco propicio para la producción y el mayor empleo".

De la reunión también participó la subsecretaria de Alimentos y Bebidas, Mercedes Nimo, quien se refirió a los reintegros por exportaciones y expresó en ese sentido que "hay que tener una política activa de definición, queremos encontrar buenos parámetros de equidad para todos los sectores según la OMC (Organización Mundial del Comercio), que sean lo más rápidos posibles y que tengan un soporte que sea razonable".

COPAL nuclea 37 cámaras de la industria de alimentos y bebidas, que representan a más de 2.200 empresas de todo el país, y tienen entre sus objetivos centrales, promover una visión estratégica sobre la industria como vector fundamental para el desarrollo económico y social.

Entre los temas abordados en el encuentro, se destacaron: el avance en las negociaciones Mercosur-UE y Argentina-México; la necesidad de articulación con el Ministerio de Salud en especial respecto del nuevo modelo de perfiles nutricionales de la Organización Panamericana de la Salud y de la Organización Mundial de la Salud; la evaluación de ciertos proyectos de Ley que podrían impactar en la Industria de Alimentos y Bebidas (IAB) y en la regulación alimentaria; el tratamiento del rotulado de alérgenos en alimentos; así como de adecuación normativa con otros países.

También participaron de la reunión por el ministerio de Agroindustria Pablo Morón, director de Agroalimentos y Marcelo Terzo, coordinador de Políticas de Agregado de Valor; autoridades de la COPAL, y representantes de los sectores yerbatero, vitivinícola, lechero, avícola, citrícola, licorista, azucarero, carnes; y de la Cámara de Industrias de Productores Alimenticios (CIPA).

agroindustria

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los lácteos a la vanguardia del cuidado de la salud



El CONICET participó del cierre de un consorcio asociativo público privado diseñado para la producción y comercialización de alimentos funcionales de base láctea.

La innovación no conoce de límites y si quienes están dispuestos a tomarla como horizonte buscan alianzas estratégicas, el resultado de su gestión no puede ser más que exitoso.

Esa fue la fórmula implementada por un grupo de instituciones que conformaron un consorcio asociativo público privado (CAPP) que obtuvieron un subsidio del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) proveniente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva a través de la Agencia Nacional de Investigación Científica y Tecnológica.

¿El objetivo? Desarrollar alimentos funcionales de base láctea destinados al tratamiento de afecciones cardíacas producidas por hipertensión e hipercolesterolemia.

Luego de un proceso que demandó cerca de cuatro años el consorcio conformado por el CONICET, a través del Instituto de Lactología Industrial (INLAIN, CONICET-UNL) y el Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA, CONICET), la Universidad Nacional del Litoral (UNL), SanCor Cooperativas Unidas Limitada, La Metalúrgica Industrial  Lampe, Lutz & Cía, y Biochemicial S.A., llegó a la etapa final de un proyecto que intenta llevar a los consumidores un yogur que reduce los niveles de colesterol y un queso bajo en grasas y en sal para hipertensos.

En una reunión, realizada el pasado jueves 10 de marzo, los responsables de llevar adelante el proyecto celebraron su cierre y presentaron los informes de gestión administrativa y financiera, así como los resultados del proceso de investigación.

“En 2012 creamos un consorcio público privado para presentar un proyecto a instancias del FONARSEC.

El proyecto fue elegido en primer término y eso abrió la posibilidad de iniciar un proceso interinstitucional de alcance técnico y científico con excelentes resultados, los cuales se alcanzaron gracias a  la  credibilidad y la buena predisposición de todas las partes involucradas”, se señaló desde SanCor.

Innovar para el bienestar de la población

Llegar a los productos funcionales fue un proceso que integró diferentes etapas que van desde los aspectos administrativos y financieros hasta el ámbito tecnológico y científico.

El desafío incluyó la puesta a punto de un paquete tecnológico a escala piloto e industrial para los diferentes eslabones de la cadena de valor, a partir de la incorporación de probióticos, péptidos antihipertensivos y un aditivo alimentario funcional en polvo.

A su vez, la última etapa- la comercial-, está en vías de desarrollo y será la que coronará el proceso con los alimentos en las góndolas.

“Cuando comenzamos a fundamentar el proyecto tuvimos en cuenta  la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo que realiza el Ministerio de Salud de la Nación; allí observamos varios factores de riesgo en la población.

Nosotros nos enfocamos en los alimentos funcionales que pueden favorecer el sistema cardiovascular y disminuir la hipertensión dando así soporte al sistema inmunológico”, explicaron directivos de SanCor al tiempo que resaltaron la coordinación del Dr. Horacio González en los estudios clínicos llevados a cabo en el Instituto de Investigaciones Pediátricas (IDIP) y en la  Unidad de Hipertensión y Metabolismo, del Servicio de Clínica Médica del Hospital General Interzonal de Agudos “Gral San Martín”, ambos de La Plata.



La escala del proyecto no sólo se basó en los dos productos funcionales diseñados, sino que también permitió el desarrollo nacional de cultivos anaeróbicos lácticos, de una propuesta biotecnológica innovadora en el territorio, de un aditivo funcional en polvo y la convergencia de una cadena interinstitucional.

Juan Soria, Director de Vinculación Tecnológica del CONICET, destacó la envergadura del proceso y afirmó:

“Somos conscientes que este tipo de proyectos conllevan riesgos y desafíos, pero innovar es una apuesta y vale la pena, como quedó demostrado con este CAAP.

La integración de varios socios estratégicos fue la clave.

Hoy tenemos la oportunidad de mejorar la calidad de vida de las personas a través de estos alimentos y estamos muy conformes”.

En el mismo sentido, se manifestó Daniel Scacchi, Secretario de Vinculación Tecnológica y Desarrollo Productivo de la UNL:

“Es una cadena institucional que se diseñó para que esto funcione: dos institutos de investigación, dos PyMEs, una empresa cooperativa nacional grande, el CONICET y una Universidad.

Desde el punto de vista de la articulación es un caso extraordinario del que todos aprendimos”.

Por último, Ricardo Cravero, asesor del proyecto, hizo un reconocimiento al CERELA y el INLAIN por su trabajo científico-tecnológico, al Centro para la Transferencia de los Resultados de la Investigación (CETRI-Litoral) por su soporte en la documentación, y a las empresas Biochemical S.A. y La Metalúrgica Lampe Lutz & Cía. por sus aportes.

“Cuando uno trabaja con gente seria las cosas se pueden llevar adelante.

Se respeta la palabra y eso contribuye a construir lazos de confianza”, manifestó.

Alimentos funcionales clínicamente comprobados

Para comprobar la eficacia de los alimentos en el tratamiento de las enfermedades se hicieron ensayos clínicos en personas previamente seleccionadas que debían cumplir con ciertas características.

Asimismo, personal técnico del CERELA visitó las  plantas de SanCor para el desarrollo conjunto de los alimentos funcionales prototipos, controlar la estabilidad y permanencia de las cepas funcionales en los productos y poner a punto la tecnología.

“En el caso del colesterol, se aplicó un protocolo aleatorizado y controlado con placebo de tipo cruzado (crossover) que llevó aproximadamente 10 meses de ensayo con resultados muy alentadores.

Se vio una clara tendencia en la reducción de colesterol total en  los pacientes que consumieron el yogur con probiótico respecto a aquellos que consumieron un yogur placebo, con una significativa disminución en  los niveles de  LDL-colesterol”, explicó María Pía Taranto, investigadora independiente en el CERELA.

“Con respecto al queso, en la primera etapa lo que se midió fue la hipertensión tanto diurna como nocturna, y la sistólica como la diastólica.

Se vio una tendencia en la disminución de la presión arterial  nocturna.

En la segunda etapa, se aumentó el tamaño muestral de pacientes y la tendencia en la disminución de la hipertensión  fue importante y estadísticamente significativa”, continuó explicando Taranto.

Por su parte, Gabriel Vinderola, investigador independiente en el INLAIN, expresó que “aprendimos mucho y se avanzó en todos los aspectos.

Fue el proyecto más grande que hemos tenido en el instituto en más de 20 años por lo que el balance es más que positivo”.

conicet.gov.ar




sábado, 20 de febrero de 2016

Igualdad de acceso a recursos y poder para la securidad alimentaria frente al cambio climático

La infografía proporciona el marco analítico utilizado en la Guía de Capacitación sobre Género y Cambio Climático de la Investigación en Agricultura y Seguridad Alimentaria para el Desarrollo para comprender las interconexiones entre seguridad alimentaria, toma de decisiones y acceso y control sobre los activos, y adaptación al y mitigación de cambio climático


fao.org